En cada casa de fe siempre hubo una abuela, una madrina o una tía que sabía «la oración justa» para cada mal. Estas plegarias se transmitían de boca en boca, de generación en generación, guardadas casi en secreto, y se rezaban en los momentos en que la familia sentía que algo no andaba bien: una racha de mala suerte, una sensación de peso en el cuerpo, una casa que «se sentía cargada».

Hoy comparto una de esas oraciones antiguas de protección, tal como se transmite en la tradición popular, para que puedas usarla cuando sientas que necesitás un manto de amparo sobre vos y los tuyos.

Cuándo rezarla

  • Al empezar el día, antes de salir de tu casa
  • Antes de dormir, para proteger el descanso
  • Cuando sientas envidias, malas energías o «mal de ojo» a tu alrededor
  • Al mudarte a una casa nueva
  • En momentos de miedo, angustia o inseguridad

Preparación

Antes de comenzar, te recomiendo:

  1. Encender una vela blanca (protección) o una vela de siete colores si tenés a mano
  2. Tener cerca un vaso de agua
  3. Hacer silencio por un momento y respirar hondo tres veces
  4. Persignarte, si es tu costumbre

La oración

«Con la cruz me cubro, con la cruz me defiendo, de todo mal que ande cerca y de toda envidia que me quieran hacer.

Que la luz me acompañe, que la sombra se aleje, que ningún mal me alcance, ni de día ni de noche, ni en el camino ni en mi casa.

San Miguel Arcángel, con tu espada de fuego, cortá toda atadura, todo mal deseo, todo trabajo en mi contra.

Que se aleje quien me quiera mal, que se acerque quien me quiera bien.

Amén.»

Se recomienda repetirla tres veces seguidas, con fe y concentración, visualizando una luz blanca que te envuelve por completo.

Un consejo de la abuela

Después de rezarla, tomá un sorbo del vaso de agua que preparaste y dejá el resto cerca de la puerta de entrada durante la noche. Al otro día, tirá esa agua afuera de tu casa, lejos de la puerta, como forma de «sacar» lo que se haya cortado.

Esta oración forma parte de la sabiduría popular transmitida de generación en generación. Si sentís que necesitás un trabajo espiritual más específico para tu situación, podés consultarme directamente.

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